Oiga señor marinero usted siempre ha
navegado al ritmo de mi luz, siempre será intenso, siempre será mío y yo suya.
Siempre tocará los destellos de mi
cuerpo, siempre será el propietario de mis deseos, ¿qué acaso el silencio lo
ataca?.
Esos detalles que desgarran las ganas, y
esas ganas que viven y laten a cada segundo, viendo correr mi sangre a gran velocidad
y haciendo que mi corazón trabaje a mil por hora.
¿Está esto considerado normal?, dígamelo
sin preocupación, dígamelo sin miedo, ese mismo miedo que me abraza y no me
deja pensar en la diferencia entre realidad y fantasía.
Este gran deseo que queda enterrado en
mis entrañas, y que hace de su barco un baile de locuras, locura que siempre
recuerdo con emoción.
Dígame señor marinero, aún piensa en el
danzante viento que toca su rostro cuando el contacto con el mar lo seduce, provocando
el recuerdo de mis manos; esas manos que una y otra vez lo hicieron mio.
Digame mi marinero ¿soy su mar, soy su ritmo, soy su deseo?, este silencio que lo abraza me lo dice siempre.

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